La palabra de Dios ordena tener cuidado primeramente de nuestra propia familia. Descuidar la casa (familia) es lo mismo que caer en el pecado de negar la fe. 1ª Timoteo 5:8. La parte más importante para la estabilidad en el hogar es cumplir todas sus obligaciones para con el cónyuge. La persona que siendo de la Iglesia de Dios tiene cónyuge infiel debe mayor responsabilidad en el bienestar de su hogar para que de ese modo el incrédulo se convierta al Señor; 1ª Corintios 7:16; 1ª Pedro 3:1. Si ambos esposos son de la Iglesia, deberán luchar unidos a fin de guardar la estabilidad conyugal, es decir, que sus relaciones en todo sentido deberán ser de mutuo consentimiento como Dios lo ordena Efesios 5:22-23. El esposo debe amar a su esposa, no debe abusar de la autoridad que la Escritura le ha concedido. En la misma manera, la esposa no deberá atenerse a que su esposo es cristiano y que por eso tiene la obligación de soportarle su mala conducta y el incumplimiento de sus deberes. La sujeción y la autoridad combinadas hacen un hogar feliz, por consiguiente, usted que estudia esta lección debe colocarse en el lugar que le corresponde. También debe evitar los celos, la inconformidad, las incomprensiones, las expresiones ofensivas y todas aquellas palabras o acciones que tengan como propósito herir a su cónyuge. Nunca podrá ser un buen cristiano o una buena cristiana si no es buen esposo o buena esposa.